La estrella fue el equipo, el colectivo, y ese es el principal reconocimiento que puede tener el técnico Luis De la Fuente. Los españoles fueron fieles a su estilo y le dieron cierta lógica al fútbol.
Con total merecimiento, España se consagró campeón del mundo por segunda vez en la historia tras vencer a Argentina 1-0 en alargue, tiempo de prórroga que solamente se explica por las espectaculares intervenciones del Dibu Martínez, el arquero de los albicelestes.
De las 19 jugadas de riesgo, 17 fueron de España durante los más de 120 minutos, y apenas dos de los dirigidos por Lionel Scaloni, en los instantes finales del juego, donde ya no había nada que perder. En los 90’ fue tal la superioridad de los dirigidos por Luis De la Fuente que Argentina no insinuó siquiera una posibilidad cercana a anotar un gol (apenas al principio con una llegada a tiempo de Unai Simón pero a 35 metros de su arco) mientras que los europeos ya habían tenido 11.
LÓGICA. Había cierta unanimidad entre los especialistas deportivos previo a la final sobre que a nivel futbolístico era más España: tenía mejor funcionamiento, más juego colectivo y no dependía tanto de sus estrellas. De hecho, ni siquiera necesitó de un Lamine Yamal rompiéndola para quedarse con el título. Es cierto que el fútbol en algunas ocasiones no es tan predecible como otros deportes, pero en muchas otras veces la lógica termina primando. Lo que hacía dudar era la fortaleza emocional de Argentina y el plus que siempre tiene este plantel que a veces saca fuerzas de lugares insospechados para terminar ganando, como le pasó contra Egipto perdiendo 0-2 a poco del final, y contra Inglaterra, al que lo terminó poniendo contra el arco y privándolo de la final.
“Demostramos que sabemos perder, agradecimiento eterno a estos jugadores”, manifestó Scaloni minutos después de haber perdido, confirmando una vez más su Don de Gentes, su humildad. El mismo DT fue el que sacó rápidamente a Leandro Paredes y Enzo Fernández, los dos jugadores argentinos que habían quedado enredados con Eric García y Gavi apenas terminado la final por algún dicho del primero.
No hay nada que reclamarle a estos jugadores de Argentina, que en la última década pusieron al país vecino bien arriba en la consideración del continente y del mundo. Lejos de la “sangre” por la derrota que existía en otros momentos, ayer los medios televisivos de la vecina orilla destacaron a su plantel por los hecho en esta Copa del Mundo, mientras que La Nación y otros medios escritos fueron por el camino de aceptar la superioridad que tuvo España en el juego, confirmando el merecimiento de los españoles de haberse quedado con la corona, de igual forma que en aquel 2010.
CON IDENTIDAD. España fue fiel a su estilo. No hubo ni un punto ni una coma más sobre lo que pregona De la Fuente. Presionó alto, asfixió a Argentina, no dejó jugar a Leo Messi, tapó las bandas y privó las corridas de Nicolás González, que fue titular y había sido determinante en el triunfo de la semifinal contra Inglaterra.
Los españoles apenas recibieron un gol en todo el torneo, pero no solo eso: prácticamente que los rivales no encontraron la fórmula para ofenderlos. Pasó con Uruguay en el segundo tiempo en el que estaba quedando eliminado y casi que no pateó al arco, le pasó en la semifinal contra Francia, donde las estrellas se mostraron como jugadores comunes y corrientes, y volvió a pasar ayer. Y en eso tiene que ver mucho el funcionamiento del equipo, porque juega alto mucho tiempo durante los partidos, los defensas son rápidos, atléticos y jóvenes y su arquero –Unai Simón– sabe jugar lejos de su arco, manejando los tiempos para salir de una forma fenomenal.
De la Fuente fue cuestionado por darle la titularidad al guardameta del Athletic Bilbao, e incluso mantenerlo cuando algunos decían que no se mostraba seguro, pero es uno de los tantos aciertos del conductor español que está en la estructura de selecciones de España desde 2013, solamente con un impase de dos años. El seleccionador mostró personalidad, conocimiento profundo, su don a la hora de elaborar estrategias y su capacidad para fortalecer al grupo, sacándole presión a Yamal, y otorgándole la presión al grupo. Para pensar, más en momentos donde la selección uruguaya tiene por delante la toma de decisiones importantes de cara al futuro, en tiempos de crisis y de determinaciones que serán clave para volver a darle identidad a la Celeste.







